Sobre homofobia y el blog

Parece que este blog lo han listado en algunos lugares como “homofóbico”, por lo tanto, he visto por conveniente presentar una definición (prestada de http://definicion.de)

La homofobia es la aversión, odio, miedo, prejuicio o discriminación contra hombres o mujeres homosexuales. De todas formas, el uso habitual del término incluye a las demás personas que integran la diversidad sexual, como los bisexuales y los transexuales, e incluso a aquellos individuos que mantienen hábitos o actitudes que suelen ser asociados al otro sexo, como los metrosexuales.
Cabe destacar que la homofobia no tiene una definición precisa, ya que no se trata de un concepto estrictamente psiquiátrico. Hay quien considera homofóbico a toda persona que no apoye o no se muestre de acuerdo con la homosexualidad. Sin embargo, el término hace referencia a la discriminación, es decir, al rechazo o a la persecución.

El resto de la definición puede leerse aquí (pincha el link).

Esto lo hago para aclarar que este blog no es homofóbico, no hay miedo, ni prejuicio, ni aversión y menos odio a las personas homosexuales. Como hombre que vive cotidianamente con atracción por el mismo sexo, la homofobía sería mas que absurda y auto-destructiva. Es diferente que no estoy de acuerdo con la ideología de los grupos activistas gay, no me parece que su militancia y aspiraciones sean las mejores, y dudo que ellos representen mis mejores intereses. Pero por eso, no soy homofóbico. Pienso que es mas homofóbico el impedir salir de la comunidad gay a quienes no desean permanecer en ella, u obligar a todos quienes tienen atracción por el mismo sexo a integrar la comunidad gay.

Asimismo, declaro que me parece totalmente absurdo cuando hay violencia contra personas homosexuales, y por lo tanto declaro que rechazo todo tipo de acción en contra de las personas homosexuales. Condeno y rechazo por completo las legislaciones de países donde se encarcela y mata a los homosexuales.

Creo que la Iglesia Cristiana, incluyendo las iglesias quasi-cristianas (e.g. Iglesia de Roma, Mormones, Testigos, Adventistas, etc.) deben procurar ser mas receptivos de la necesidad pastoral de personas con atracción por el mismo sexo, y tratar el tema de forma mas empática. No es solamente declarar que el sexo fuera del matrimonio heterosexual es pecado, sino proporcionar los espacios de cuidado pastoral para quienes vienen con quebranto de género, sexual y relacional. Si bien los temas de derechos humanos pueden y deben ser discutidos con argumentos teológicos, lo contrario no se aplica. No es posible usar conceptos de derechos humanos en teología, eso es un error que cuesta caro a la iglesia. Creo que los homosexuales son llamados, como cualquier otra persona, a escuchar las buenas noticias de la restauración que hace Jesús en las vidas, que son llamados a no conformarse con donde se encuentran, sino a descubrir nuevas alturas en la fe.

La esperanza del homosexual no es la heterosexualidad sino Jesucristo. Esta esperanza se manifiesta mas bien, en la integridad sexual y la restauración que se halla solamente en una relación personal con Jesús. Esta premisa es válida para toda persona independientemente de su contexto y trasfondo. La sanidad y restauración de todo creyente se evidencia en cuánto Cristo se ha formado en ellos, en cuánto tiene la forma de cruz y de resurrección.

Con respecto al tema de discriminación, repito, como cristianos estamos llamados a no hacer acepción de personas, por lo tanto, todos son bienvenidos en la iglesia. Esto quiere decir que cualquier persona, independientemente de su condición y trasfondo debería poder asistir libremente a actividades cristianas. Repito, los argumentos de política de derechos humanos tienen su espacio y los argumentos teológicos tienen su espacio también. Las aspiraciones políticas de los grupos de propaganda pro-gay no representan necesariamente las necesidades de los homosexuales (y en todo caso no representan mis necesidades y las de muchos otros que conozco).

Pienso que todos somos iguales. Debido a la caída de los primero padres, Adán y Eva, todos hemos gustado del quebrantamiento intergeneracional, de relaciones quebrantadas, y de la acumulación del pecado en el mundo. Las consecuencias se presentan de formas diferentes en cada persona. En algunos casos se trata de una baja autoestima, en otros se trata de autoaborrecimiento, en otros de incapacidad de relacionarse con otras personas, en otros incapacidad de confiar, y en muchos casos se presenta en quebrantamiento sexual (independientemente de la forma y orientación de este quebrantamiento). En eso, todos somos iguales, y todos necesitamos la obra redentora de Jesús en nuestras vidas. Solamente El puede venir y rescatarnos de las adicciones sexuales o de sustancia. Dios está para restaurar, y lo ha probado resucitando a Jesús, que es la primicia de lo que esperamos.


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