Desde el frente de batalla, y sobre la película Milk…
Vaya fin de semana. Vaya vulnerabilidad. Y qué sorpresas te da Dios en medio de las luchas. Hace unos meses titulaba uno de mis catárticos mensajes cuando duele la lucha, y otra vez sentí ese dolorcillo que a uno le gusta evitar. Todo comenzó el sábado por la noche. A uno de los ancianos de la iglesia se le ocurrió la brillante idea de ir a ver el film Milk. Ahora bien, este film es un film épico de los derechos homosexuales, no solamente en USA sino en el mundo. Es un film sesgado, à la Van Sant. Es el producto de la imaginación de un homosexual y de su concepción de lo que es el mensaje cristiano. Pocas veces en un film se ha visto esta confrontación tan clara entre la moral cristiana (descreditada por el sesgo de Van Sant) y la liberalidad homosexual (ensalzada por Van Sant). Si hubiera sido un film objetivo, hasta hubiera salido con un mejor sentimiento. Pero el film no era objetivo, sino subjetivo, completamente sesgado pro-gay y anti-cristiano.
Evidentemente, tal film estaba lleno de escenas homoeróticas y casi rayando en pornografía. Honestamente tuve que tomar la decisión de permanecer en la sala como muestra de ‘apertura de mente’. El mensaje del film era hastiador, la misma historia, todos los clichés del movimiento gay, creo que no hubo una sola excepción. NADA NUEVO. Llega al punto que ya disgusta, probablemente porque un plato lleno de sesgo y fantasía deja un mal sabor, las cosas se ven mejor de lo que saben. Este tipo de films lo pongo junto con la parafernalia de films que cansan, saturan, aburren, sobrepasan.
El asunto es que como siempre, el film este te hace ver con tus ojos “lo bella que es la vida gay”, sin ocultar sin embargo sus realidades. Y asusta. Porque el público se queda con la imagen romántica de dos personas que se “aman” (acaso no es su pregunta constante: ¿que hay de malo en que dos personas se amen?), y hacen a un lado los detallitos del film, como que el amante murió de ‘complicaciones’ del SIDA, suicidios y temas similares. En una sociedad que no cree mas en el matrimonio monogámico (entre un hombre y una mujer), cuando Milk menciona que solamente ha tenido “cuatro” parejas estables, entra dentro del promedio. Mensaje absurdo, sin embargo eficiente: no hay diferencia ‘en promedio’ en los compañeros sexuales de homos y no-homos. Claro que no se mencionan las aventuras de una noche, ni los centenares de hombres que se prueban en los cuartos oscuros, en los bares, en los parques y demás lugares de cita.
Francamente, una imagen romántica pero poco veraz. En cierto momento me abstraí totalmente del film, y comencé a ver toda la secuencia de mentira, y me hizo pensar en el Salmo 14 “Dice el impío en su corazón: no hay Dios” (Salmo 10; Samo 36). Realmente es la esperanza del impío que no haya Dios, y el film de Van Sant lo demuestra abiertamente. Quiere mostrar que ellos han vencido al vencer en elecciones y recibir el apoyo popular para sus demandas. Es una victoria exhu
berante pero irreal.
Igual, cuando se ven las escenas románticas a uno le queda el retrogusto y francamente la pregunta ¿por qué yo no puedo? y te tienta la parafernalia de que justicia es “igual a”, libertad es “hacer lo que me da la gana”… Y volví a mis sentidos. El amor que busco es de dar y no solamente de tomar algo de la otra persona.
Ayer en el museo, me pasé dos horas flirteando con un chico. No hablamos, no era necesario. Pero nuestras miradas se cruzaron demasiadas veces y con demasiada intensidad para ser simple coincidencia. No cruzamos palabra alguna. Y desgraciadamente me sentí atraído, y confundido. Avanzamos juntos a lo largo, algo y ancho del museo. Al final, tuve la elección de acercarme, hablarle, tomar su fono, y quedar para otro momento. El esperó. Y como en otra ocasión, por pura gracia, tomé la decisión de no hacerlo y no dar lugar a las imaginaciones de mi carne y mi corazón. Se fue. Dio un leve giro de cabeza.
Fue de nuevo una victoria, de huir de mis pasiones juveniles. Pero en algún profundo lugar, tuve un dolorcillo. Era como morir un poco. Al mismo tiempo, había una paz y un asombro por no haber actuado, que me dio el gustito de decir: esto apunta a restauración y a resurrección.

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